martes, 23 de septiembre de 2014

"Presentación de Ropa Usada de Pía Barros"

Carolina Pizarro Cortés. Doctora en Literatura.




Presentación de Ropa Usada de Pía Barros


Carolina Pizarro Cortés
Instituto de Estudios Avanzados
Universidad de Santiago

             
Ropa usada es un notable conjunto de microcuentos, microrrelatos o microficciones. Más allá del amplio abanico de nombres posibles para un mismo artefacto lingüístico, las definiciones que se han hecho de este tipo de ejercicios narrativos tienen en común el destacar, como una de sus rasgos característicos, su concisión o brevedad. En efecto, hay ciertas convenciones que fijan su extensión en una página a lo sumo, y como es bien sabido, una de sus versiones más breves es una narración que cabe completa en una frase.

En la historia de la literatura, sin embargo, es posible encontrar desde tiempos remotos formas estético-narrativas que también se caracterizan por su brevedad. ¿Qué diferencia hay, entonces, entre una fábula antigua o un exiemplo medieval y un microcuento contemporáneo? Como señala Juan armando Epple, uno de los pioneros en la reflexión sobre su estética, “Lo que distingue a estos textos como relatos es la existencia de una situación narrativa única, formulada en un espacio imaginario y en su decurso temporal, aunque algunos elementos de esta tríada (acción, espacio, tiempo), estén simplemente sugeridos”.  A esta unidad estilística que prescinde de los detalles, se suma también el hecho de que los microrrelatos funcionan como la punta de un iceberg, pues son ficciones que suelen basarse en otros textos, que su lector o lectora debe conocer y por lo mismo activar para completar el sentido del relato breve. Si bien este principio se cumple a cabalidad en los microcuentos con una clara vocación intertextual, no necesariamente es válido para otros, esos que no dan cuenta, a través de indicios, de la presencia de un texto previo –o hipotexto, como se lo conoce en jerga teórica– reconocible como tal. Lo que parece estar detrás de esta variante es también una masa contundente que se adivina bajo la superficie, pero que ya no está hecha de textualidades, sino de experiencias, tanto sociales como individuales. Creo que en este volumen de microcuentos de Pía Barros, aun cuando hay guiños literarios, el segundo tipo es el que domina la escena, lo que otorga al conjunto una fuerza especial.

El libro se divide en dos partes: la primera reúne un total de 27 microrrelatos de temas y estilos variados, sin unidad explícita.  La segunda, que lleva el subtítulo que identifica al volumen completo, “Ropa usada”, está compuesta por nueve narraciones que se llaman igual, solo distinguibles por el número romano que sucede al nombre. Veo aquí un contraste interesante: lo fragmentario versus la unidad, que no se limita a la presentación de dos libros en uno, por cuanto hay entre una y otra parte sutiles hilos conductores, ecos y espejeos, que tienen que ver con esa materia densa que se adivina bajo la punta del iceberg.

En la miscelánea inicial, sin ir más lejos, es posible distinguir algunas constantes de orden temático que aparecen aleatoriamente en los distintos relatos. Uno de estos temas, bellamente tratado, es la relación entre el cuerpo y la escritura. Relatos como “Cuento tal vez oído en un bar a las tres de la mañana”, “Fracasos literarios”, “Historias tontas” y “Literatura” funcionan en este registro. El primero es una reescritura fantástica –más aún que el original– de Las mil y una noches. Una Sherezade de cuerpo escriturado que contiene en sí todos los textos es la garantía de una vida larga y feliz tanto para el escritor como para el lector de los relatos que ella contiene. Algo similar observamos en “Historias tontas”, en donde el cuerpo de un marinero lleva impresa una vida completa legible a través de sus cicatrices. La literatura, en todos los sentidos posibles del término, literalmente se encarna, constituyendo un continuo con el sujeto. Estos cuatro microrrelatos, como veremos a continuación, pueden ser visto como una micropóetica explícita que toma distintas formas en los otros cuentos.

Una segunda línea temática que se desarrolla en la primera parte del libro es la del mal amor: “Cuestión de confianza”, “Ruidos”, “Sin tregua”, “Excrecencias”, “Geografías”, “Pasiones”, “Imágenes de San Salvador”, “Las pieles del regreso”, “Prefiguración de la nostalgia” y “Contagio” giran en torno de los sentimientos amorosos, vividos por sus protagonistas con dolor. Se trata de micro-boleros en que el amor se funde con el padecimiento, las más de las veces físico, lo que nos permite pesquisar un diálogo, tanto en el fondo como en la forma, con representaciones latinoamericanas del sentimiento que nos son tan familiares. En este caso, la densidad que subyace a los relatos es de carácter cultural; hay una experiencia social del amor que se tematiza de distintas formas. El cuerpo tiene aquí también sitio de honor, apareciendo en la mayor parte de estos relatos como el campo de batalla en el que se experimenta el sufrimiento por la amada o el amado. Por lo mismo, se trata de relatos intensos, con una fuerte carga poética, pero que preservan un tinte irónico que permite percibir nuevas aristas del tema amoroso.

Un tercer hilván que quisiera sugerir es el que une a los cuentos cuya temática es la represión y/o la rebelión. Dentro de esta línea se encuentran “Vandalismo”, “Redada”, “Prohibiciones”, “Sobrevivientes” y “Reflejos”. Se adivina tras ellos la referencia a la historia política latinoamericana, a su pasado reciente, a hechos frente a los cuales los sujetos resisten o sucumben. En el tratamiento de este tema también vemos un giro, en la medida que se incorpora la mirada de las nuevas generaciones. Estos cinco microrrelatos componen una breve constelación sobre el problema de la memoria, y responden, con distintas variantes, a la pregunta sobre qué hacer con ese pasado que no se resuelve.

El cuarto hilo conductor, que también está contenido en varios de los relatos antes mencionados, es el crimen. “Camino al hogar” y “Territorios” pueden leerse como micro-policiales del horror, en que la psicopatía y los bajos fondos aparecen representados. En el primero, la muerte violenta hace su aparición ya consumada; en el segundo, se esconde tras los gestos de una dulce niña. Lo familiar en ambos casos se presenta como todo lo contrario, tanto porque la familia como institución adquiere tintes siniestros como porque eso siniestro invade los espacios cotidianos.

Un tratamiento novedoso sobre el tema de la muerte es el que constituye la última línea de sentido que vemos aparecer en la primera parte del libro. “Testamento” y “La de bien morir” se mueven en este registro singular que nos enfrenta al deceso esperado y sus consecuencias inmediatas para los deudos del muriente. En ambas historias, que recortan de alguna manera el momento de tránsito o transición, el que muere se va con rabia e intenta dejar como herencia ese sentimiento.

Hasta aquí, como hemos visto, es posible encontrar rutas de lectura en un mosaico altamente sugerente, que remite de una u otra forma a lo corporal sensible, en vinculación con una historia y una cultura que nos es propia. La segunda parte del libro, de manera complementaria, lo que se propone es vestir este cuerpo con diferentes ropajes. Las distintas versiones de “Ropa usada”, desde la I a la IX, constituyen variaciones sobre un mismo tema, al modo como funciona una pieza musical.  Se trata de una serie de historias que giran en torno de una tienda misteriosa, suerte de micro-mundo habitado por una dependienta y su lima de uñas, en donde se producen situaciones que congregan aspectos muy diversos de la vida humana, siempre relacionados con prendas de ropa específicas que remiten a ellos. El vestuario es la excusa para representar el amor, la muerte, los sueños, la belleza. Todos los personajes entran a la tienda de ropa usada buscando satisfacer una necesidad inmediata y salen con mucho más que un vestido o una chaqueta. En cada uno de los relatos lo que está detrás es una relación metonímica entre la ropa y la experiencia vital: hay un traje apropiado para cada ocasión de la existencia. La dependienta de la lima en mano es el hilo conductor de la mayoría de las historias: siempre está presente, indicando con su dedo, y exhibiendo, así como las prendas de ropa, un amplio abanico de emociones. No sé si pudiese catalogarse este conjunto de microficciones enlazadas como micronovela; lo que sí puedo decir con certeza es que constituyen un universo ficcional autónomo, cargado de sentido, que roza sutilmente lo carnavalesco.

Dentro de este magnífico conjunto, quisiera destacar cuatro episodios. El primero de ellos es “Ropa usada III”, relato que proclama una poética propia que puede ponerse en diálogo con la relación cuerpo-escritura que definíamos al principio. El segundo término de la díada se amplia, en tanto remite a lo estético en general, para proponer como conclusión que “La belleza es algo impensado”. “Ropa usada V”, por su parte, da un giro siniestro al proverbio “el traje no hace al monje” para mostrarnos que en este caso sí es posible que la ropa dé forma al individuo y, más aún, prácticamente lo posea. En este relato, además, se intuye nuevamente la historia de violencia política como sustrato. “Ropa usada VII”, sutil relato de venganza, da cuenta de un gracioso y siniestro intertexto con Cortázar, además de remitir a referentes culturales complejos que contrastan agudamente con el recurso fantástico. Por último, en “Ropa usada IX”, accedemos a lo maravilloso: las prendas de vestir de la tienda cobran vida; la ropa permite una suerte de reencarnación de sus antiguos dueños. Así como la escritura hace cuerpo y el cuerpo hace escritura, la gramática del vestido convoca al cuerpo que lo vistió y el cuerpo llena de sentido sus formas. El libro termina, como corresponde a tan buena ejecución, con un baile extravagante, que reproduce los bemoles de la vida. En la tienda de ropa usada reina al final “un aire de festejo y de tragedia, de desencanto y euforia”.

No me queda sino felicitar a Pía por esta excelente obra, que constituye un hito más en su impecable trayectoria literaria, y a Lorena por el acierto de publicarla. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario